de reversos

Víctor Rodríguez Núñez

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[afueras o la marmota se harta de crepúsculo]

la montaña contra un cielo asonante
a punto de cuartearse en su fijeza azul
aire que cristalizan cedros de hulla
y caballos que se espantan el frío
en lugar de las moscas
                                       los gansos cartesianos
avanzan como sílabas
al borde del soneto figurada laguna
y rompen formación
                                   al cruzar el galanto
de un encabalgamiento zanja ciega

todo aún por hacer
el signo que se filtra entre tres gajos
que el viento esencializa y corrige la nieve
tientan las ranas la única cuerda
que le falta a la noche
repleta con flores amarillas la marmota
ha vuelto a ser pulsión
ayer cayeron hastiados sicómoros
y estorninos en vuelo
alborotan la sombra que calcina
¿el miedo que regresa espantado de afuera?

contra el cristal resuellan los venados
como desasosiego ávido de papel
sin tu brillo la penumbra ya se deja oír
un temblor que cobija
el ser es inocente mas se lava las manos
el relámpago no sobresalta al puercoespín
que carga toda la lluvia consigo
las gotas ensartadas en las púas
no dejan de irradiar entre la sombra
el miedo su osamenta
al filo del maizal en ausencia de nieve

la muerte es una ardilla sobre asfalto
un cerro contra el cielo que se aprieta
voy arrancar un sauce en cada esquina
el agua sin destino
no deja de gruñir entre las rocas
la hierba sobre ti es una errata
esa caligrafía copiada de los robles
que el invierno deshuesa
alarma de tornado
                                las luciérnagas
no cambian su rutina

sigilo entre las briznas de sirena
la ardilla atropellada
                                    abriéndote camino
a la hierba le queda la memoria
de su verde futuro
                                por eso es que resiste
el furor pesimista de la escarcha
árida primavera con tulipanes negros
que los ciervos rumian bajo la luna
en el alma del hielo la corriente
es un remordimiento

el sol entre la niebla que escapa de las tibias
jamás acariciadas
el paisaje promiscuo y en su centro
la mancha de pureza de un estanque
los patos dormidos en el torrente
te imaginan abierta sobre la grama añil
la tojosa en la nieve desafina
como niña sin dientes frente al piano
sobre el hielo engreído
la marmota se harta de crepúsculo
palabras de mi madre

como si te olvidaras de algo puesto al fuego
el tizne enardecido
no se detuvo ante las falsas cruces
transgredió las ventanas
la música de las contradicciones
su elipsis de ceniza
todo el viento del mundo
no podía remover la sombra descompuesta
sus coágulos filosos
el vacío inundó las partes bajas
y fue necesario animar la luz con rezos

mas no hubo oración capaz de amedrentarte
volvió la calma cuando con su pupila sola
mi madre desafió
el también absoluto ojo del huracán
la nada en los calderos
                                      todo por contemplar
el hálito que amella su cuchillo
en las piedras insomnes
y la luna que amuela sus heridas
en áspera mudez
ni galaxias ni gases ni materias oscuras

incoherente agujero como ombligo del ser
crece en la constelación de Eridanus
al sureste de Orión
a más de un semillero de años luz
el justo mapa de las radiaciones de fondo
mostraba en ese punto su tenue mancha fría
y lo reafirma el eco de microondas cósmicas
que siguió a la creación del universo
esa débil señal que resuena desde el Big Bang
la manzana no tiene segundas intenciones
pero sin ilusión se acaba el mundo

un pájaro del sur
picotea semillas que retan al invierno
y me mira desde su emplumada indiferencia
su vértice de lumbre para que no olvidemos
la honda lejanía
se ha oxidado el conserje entre la niebla
su lámpara amarilla ya no espanta las sombras
en la espera hay un ojo que se mira
la nieve del instante no deja de caer
la vela desbordada el último volcán
afuera la tormenta y los obreros discuten

el aire se desploma a sí mismo se dicta
hasta la hormiga sabe que rima con fatiga
en la espalda del fuego ¿quién escribe?
el azar es mi acierto
como el pato de cabeza en el agua
la sed es la corriente el hambre la adherencia
el pato indaga en la dura fluidez
y su plumaje umbrío
hace brillar todo el ser congelado
la forma es ideológica
con la contemplación el mundo cambia





                                           10
[corduras o eres una tormenta en un tintero]

con un sol a la zurda
que acaba de romper la cáscara del cielo
y un otoño que escarba en la médula
buscando algún despojo
                                         para avivar la muerte
se impone la belleza del maíz
su verdor ordenado
su insurrección contra la incertidumbre
tienen razón las alas
la cópula de instantes todo este cacareo
no sé lo que te inquieta en el crepúsculo

ese cielo incoherente podría hacer llorar
eres una tormenta en un tintero
cuerda sin pulsar fiel salpicadura
por eso te llevo hasta la lumbre
que tampoco sosiega
la inquietud del crepúsculo ante ti
este no es el punto donde te abandoné
roído por la luz
ni comienzo ni fin solo silbar
y la fijeza germina al descubierto
sin puntos suspensivos

avanza entre los perros que olfatearon su aureola
uno lame las llagas de los pasos al frente
mientras el otro sigue sometido a la sombra
hay un fondo romántico una iglesia realista
la pareja de abetos le da la cara al muro
de una sola clavícula cuelgan harapos rojos
los fieles entrevén la barba prometida
lumbre de girasoles que padecen
quemaduras de otoño
                                     lumbre de jitomates
en un alba que no madura aún

radiada en esta orilla
verdad con herraduras cara oculta del sol
sin hallar alivio del otro lado
de donde nada viene y a donde todo va
algo tan humilde como aspirar
sombra volada en fiebre
el viento disciplina el acerbo fulgor
el metal de los pájaros a punto de caer
espasmos reciclados
                                   desazón en jirones
como el norte constante

con tu pluma de lora y en mi cuaderno rojo
el futuro no queda en manos de la muerte
apenas un instante y mudará el destino
alguien monta el camello y te sonríe
se equivoca de número y no quiere colgar
te pide en la otra acera el horizonte
es el ángel que esperas
le sucedió al viajero en su primer otoño
no exactamente una tez dorada
con nácares y ébanos
como en la sobrecama modernista

ni una faz con amables cicatrices
algún lunar que creció demasiado
solo una sensación que de tocarla sea
un reflejo con la piel de gallina
desnudo desagradecido como una rosa
pero al fin satisfecho
                                    de la ausencia de un fin
pues de la ingratitud nada saben los astros
no más discursos solo villancicos
y en el triángulo rojo la estrella solidaria
termina mal lo que nunca empezó

las palmas de Cayama bordadas en la alfombra
casi persa de los cañaverales
los lagos florecidos en pobreza
y el dariano Momotombo en el retrovisor
el Valle de Aburrá desde la ventanita
en la casa nublada
                               los bosques de Oregón
y en su centro la playa de agua dulce
donde fundes mi ser
bendición a los que quedaron ciegos
por mirar el eclipse

borrego horcón cuchillo
                                        distancia metonímica
silla de montar freno de caballo
claves de identidad
hamaca botas de hule cobija
estrategias de identificación
pollo muerto que aún mueve las alas
fisura en el esquema
la lucidez es solo adelanto del vacío
una gota de estupidez te cura
cerrada acción de gracias

levanta la tarde algo nuevo si se mira
con el rabo del ojo de un ciclón
es que los árboles como una idea
se estremecen al simple
roce de las plumas del cardenal
y ese mismo terror lo ha sentido el cielo
que se ha cuarteado donde
el cardenal sin ley alzó su estampa
cae la tarde algo nuevo si no se olvida
la sangre arremolinada en las manos
con esperanza quedarías inmóvil

en la butaca verde frente a la falsa estufa
mas trenzo para ti las paralelas
a ver si de una vez encajas en el mundo
la fiebre unipolar
necesitas un norte que te hiele los pies
un sur para el desvelo
¿quién juntará todos estos añicos
de madera ilegible?
¿en qué ceniza viertes este humor inflamable?
el obrero que escupe cuando cruzas
la llama que no ayuda con las líneas

el labio leporino
                            el árbol de guirnaldas
este lenguaje turbio
Agabama en tiempos de deshielo
un oro tibio escancio
mientras las entrañas buscan su sitio
bajo la luna ausente
tiempo ahumado en que los tulipanes
brotan entre la nieve residual
no habrá tregua
                            el alba que germina