de El círculo mágico

Marcelo Morales Cintero


Pienso el vuelo y lo veo (la idea de lo recto),
hoy vi una bolsa que oscilaba en el espacio,
separada del vacío por un hilo.







Escribir cosas es lo que libera la opresión de la idea de la muerte, del anonimato.


Escribo porque voy a morirme. En la vida a veces estoy adentro de escenas, atravieso pasillos que están sucios, navego sobre charcos en las calles. Mis ojos recorren la realidad, no sé hasta cuándo estaré mirando estas superficies. Es demasiado extraño para ser.


La fotografía es una tensión de la luz. Esto también es el poema. Los grandes momentos son una impresión, como la llama de Hume. Recordamos la intensidad. Eso es, al final, la vida. Momentos de tensión. Lo demás, un gran calma, que es igual a una gran nada. A una muerte que olvidas.
Me he dado cuenta hoy cuando entré en la cocina. Las cosas adquirieron condición de símbolo, esto sucede cuando en mi vida las cosas toman la posición de lo poético. En esos momentos soy un extraño.


La poesía para mí sólo es posible como fragmento, como tensión. Como el flash de una cámara, como la foto que sale de la luz que se imprime en la oscuridad.

Pienso en la increíble red de existencias que anteceden a la mía. En la infinita conexión de hechos y vidas que hacen posible que camine. Que vea las paredes sucias de un edificio, un parque feo entre una casa y otra. La vida tiene ese halo de milagro. Yo no sé, no podré saber nunca si es casual, o no. No hay manera de saberlo. En estos casos lo mismo vale un sí que un no.

Lo peor es cuando tomas conciencia, un día, de repente, cuando pelas una naranja, o cuando ves la belleza de unas nubes, o el olor de flores silvestres en el campo, de la insignificancia de la vida, de la insignificancia de la muerte, del vacío, del absurdo de la escritura.

Un escritor está perdido cuando toma conciencia de su escritura; es igual a un adicto que toma conciencia de la aguja. O un enamorado que observa, de repente, el nombre de lo que ama y lo encuentra, por un segundo, extraño.


El Dios de mi escritura no es el Dios de mi vida.


La escritura se desarrolla en el universo absurdo del dolor. La relación con la tristeza tiene ese vínculo donde todo en mí se recupera. La palabra como transformación, traspasar una ausencia, desprenderme de un lenguaje horizontal. 







Sentado en una silla pienso en mi relación con el cosmos.
Las membranas de mi pensamiento se expanden.
Pienso en el amor, un cine oscuro.


En un café, al centro, en una mesa,
siento las fuerzas invisibles colgando como una espada de Damocles.
No existe la muerte. Sólo la soledad.
Pienso en el vacío, el tokonoma de Lezama.
Me gustaría haber escrito ese poema robárselo al cretino.
Es verano, callo, camino, me detengo, la gente pasa.
En columnas hago el tokonoma.
Amo el tokonoma: "Quepo entero en él."
Estar consciente, una operación difícil; saberlo, dolorosa.
Dolor. Respiro, lleno mi cuerpo con él. La vida, el todo, sólo ocurre allí.
No encuentro forma de llenarlo. En la Iglesia de Reina callo.


Una borracha dice que ama mi belleza. Yo estoy muerto.
El vacío del templo es más ancho que mi cuerpo.
Como Sant'Agostino,
araño la materia dejado en su lugar la ausencia.
Todo lo que cabe en mí, lo que soy, lo que seré, acaba siempre así.
En mi casa toco la pila del lavamanos,
la energía que tiene la materia.
Es tan corto todo que parece un sueño.
El metal es frío, el agua corre.
He desarrollado un alma, un pensamiento.
La materia es el testigo, el único testigo. 







La cara del amor, algunos puentes, su sonrisa girando en tu cabeza y después la vida, el presente, reflejo de cristales mientras pisas el asfalto y tu rostro va pasando.
Hace frío, o es de noche, luces de neón se iluminan con su nombre.


Cuando ves la muerte de los demás, ves tu propia muerte. Cuando sientes el olvido, es tu olvido el que sientes.


Cada puente hace una cruz
que fluye a lo largo pero a lo ancho no.
Hay que amar al prójimo
como si fuera uno mismo,
pero no más.


Camino bajo el sol en pleno día, pero dentro llevo la oscuridad de un destino.
El mundo es complejo, la lucha de una voluntad consigo misma, ausencia de plenitud.
Naturaleza del ser.

El amor o su felicidad consiste, sin embargo, en anularse, pero seguir existiendo.


Dolor produce lo que amamos. 







Queremos entrar en Dios por las fisuras.
Amor. Lo bueno son destellos.
Se hace tarde y no hay luz,
en el patio está la mugre, más adelante está el tiempo.
Lo bueno es ese instante en que sentimos.
Quiero infiltrarme ahí por "las fisuras".
Mi ojo, que entiende el brillo de Dios,
teme la oscuridad.







Quiero imitar las cosas eternas que pasan,
el humo de un cigarro.
Te recuerdo tumbada en aquel suelo.
Si el hueco de una aguja intenta comprender la naturaleza del vacío tú le hablarás de inexplicables misterios.
De una flor creciendo en soledad bajo el invierno (Branly).
Dirás.
arrastraré mi amor hasta tu cuerpo
y su paso será
el de los grandes cataclismos. (B. Peret). 







Me paro al centro de mi cuarto esperando que este símbolo me salve, espero recogerlo todo en mí, conocí a un tipo que en su pipa quemaba el infinito, me dijiste, era un mar de algas y de frío en el océano radiante de las esmeraldas de la muerte, era un tipo que quemaba el infinito. En el cuarto, al centro, está la idea, cerrar los ojos y creer en algo. Como hilos invisibles, los filamentos de pasado y presente, este y oeste, se conectan a mi cuerpo, era un tipo que miraba al infinito, isla de Capri, Margarita de mis sueños, era un tipo que bebía el infinito, sus ojos eran como piedras preciosas, a mí esa palabra me encantaba. Je t'aime, me decías.
Del tiempo son las cosas que se acaban, del infinito no. En el mar de la esmeralda pongo el amor. Recojo en mí, presente y pasado, este y oeste. Dejo afuera lo que acaba.


La mañana en mi casa vacía.
Tu recuerdo, mis sandalias.
No has vivido hasta que no has visto su nombre dibujado con tu aliento en el cristal.
Mi escritura en la portada de los libros.
Hasta que no has amado no has vivido.


Yo sabía que el universo era infinito, también la combinación de mis palabras.
Yo sabía de extensiones y cifras, de hechos y existencia.
Lo único que no sabía era decirle que la amaba.