El Mal de la Piedra

Blanca Doménech

Illustration by Emma Roulette

Poco a poco, se va haciendo la luz en el interior de la caseta de seguridad. Las grandes ventanas de cristal permiten ver otra perspectiva de la basílica. Desde la planta baja, el espacio adquiere una sensación de túnel debido al techo ovalado y la amplitud hacia el fondo. Algunas zonas están cubiertas por andamios y telas. ANDRÉS está sentado tranquilamente en su butaca, escuchando la retransmisión de los walkis que proviene de un aparato que centraliza todas las conversaciones.

J1:  Vamos a ver, J2 y J3, desalojen. Cambio.

J2:  ¿Pero cómo vamos a desalojar? Está repleta de tíos. Repleta de tíos. Estamos rodeados. Vamos a recurrir a las armas. Cambio.

J1:  Desalojen. Cambio.

J3:  Adelante, J2. Cambio.

J2:  Vamos a utilizar las armas. Seguro, además. ¿eh? Cambio.

J1:  Intervenid los tres juntos. J2, J3 y Charlie 2. Cambio.

(Ruidos e interferencias.)

J1:  Sacarlos como sea. Cambio.

CHARLIE 2:  De acuerdo. De acuerdo. Es que nadie me contesta. Cambio.

V5:  Deben estar todos en la carretera arreándose como leones. Cambio.

(ANDRÉS ríe con este último comentario. Enciende el walki.)

ANDRÉS:  A1 para V5. Vaya jauría. Cambio.

V5:  Calla gañán. Tú quédate en tu caseta. Cambio.

ANDRÉS:  Venga. Venga. Que estás en tu salsa. Cambio.

(ANDRÉS apaga el walki y continúa escuchando con una sonrisa.)

J1:  Adelante J1 para V5. Cambio.

V5:  Andrés, capullo. Cambio.

J1:  Adelante. Adelante V5. Dime con quién estás y qué lío tenéis ahí. Cambio.

(Al tiempo que escuchábamos los walkis, MIRANDA ha aparecido en el umbral de la puerta. Ha observado a ANDRÉS mientras éste se reía. Ahora va vestida de calle, con abrigo, guantes y bufanda.)

MIRANDA:  Hola.

ANDRÉS:  Vaya . . . ¿Qué haces aquí?

MIRANDA:  No me dejan salir. Ni siquiera me han dejado bajar hasta la carretera. Me tengo que quedar aquí.

ANDRÉS:  Claro. Claro. ¿Qué esperabas? Pero . . . pasa. Estás temblando.

MIRANDA:  He estado veinte minutos ahí fuera parada. ¿Sabes el frío que hace? Estoy congelada.

ANDRÉS:  ¿Por qué no te has metido antes?

MIRANDA:  Esperaba que me dejaran salir pronto . . . pero ya me ha dicho David que . . . 

ANDRÉS:  ¿David?

MIRANDA:  David.

ANDRÉS:  ¿Está en la explanada?

MIRANDA:  En el parking. Me ha dicho que me avisaría cuando pudiera bajar.

ANDRÉS:  ¿Sabe que estás aquí conmigo?

MIRANDA:  Él mismo me lo ha recomendado. (Pausa.) Estoy helada.

(ANDRÉS se incorpora y saca un calefactor. Lo enchufa. Se cuela el sonido del walki.)

CHARLIE 2:  Pero vamos a ver . . . ¿Qué está pasando? Cambio.

J3:  Es muy fuerte. Cambio.

(Sigue escuchándose el walki de fondo, completamente ininteligible. ANDRÉS despliega una silla. Se la ofrece a MIRANDA.)

MIRANDA (refiriéndose al maletín y los planos):  ¿Dónde puedo dejar esto?

ANDRÉS:  Déjalo donde quieras. Ya ves cómo está todo. ¿Quieres un café? Ahora iba a prepararlo.

MIRANDA:  No, gracias.

(MIRANDA deja las cosas en un rincón y se sienta junto al calefactor. Frota sus manos.)

ANDRÉS:  Tengo un café de los buenos. De los buenos, buenos. Mira. Me lo trajeron de Colombia. Unos amigos.

MIRANDA:   No tomo café tan tarde. Me da insomnio.

ANDRÉS:  Yo tomo a todas horas. Lo necesito. No me pone nervioso. Todo lo contrario, me relaja.

(ANDRÉS se acerca hasta la cafetera eléctrica y comienza a preparar café.)

(Silencio. Se cuela una frase del walki.)

J2:  Entendido. Entendido. Esto se está poniendo feo. Cambio.

MIRANDA:  ¿Te gusta leer?

ANDRÉS:  Ah, lo dices por los libros . . . Sí, me gusta. Pero nunca me he leído un libro seguido. Quiero decir, de principio a fin. Lo que hago es coger uno y leer un par de páginas. Luego cojo otro y lo mismo. Así. Voy abriendo los libros al azar a ver qué me encuentro. Por entretenerme. Paso muchas horas solo.

MIRANDA:  ¿Puedo verlos?

ANDRÉS:  Claro.

(MIRANDA se incorpora y observa los libros. ANDRÉS la sigue.)

ANDRÉS:  A veces abro uno al azar y simplemente leo una frase. Sólo una frase. A ver qué me dice el libro. Coge uno.

MIRANDA:  ¿Cualquiera?

ANDRÉS:  Sí. Cualquiera.

(MIRANDA escoge un libro del montón.)

ANDRÉS:  Ábrelo y lee la primera frase. A ver qué nos dice.

(MIRANDA abre el libro. El sonido del walki se hace más fuerte por unos segundos y las interferencias se intensifican. ANDRÉS apaga el aparato.)

MIRANDA:  “Ahora tiene que suceder una de dos. O hace usted algo, o algo tendrá que hacerse con usted.” 

(Pausa. MIRANDA vuelve a dejar el libro sobre el montón. Se quita el abrigo, los guantes y la bufanda. ANDRÉS se sienta al tiempo que la mira de arriba a abajo. MIRANDA también se sienta, junto al calefactor.)

ANDRÉS:  No está mal.

MIRANDA:  ¿El qué?

ANDRÉS:  La frase. Me ha gustado.

(La cafetera hace un ruido como de pequeña explosión y comienza a echar humo. ANDRÉS se incorpora rápidamente y la desenchufa.)

ANDRÉS:  Joder. Ya estamos.

MIRANDA:  ¿Se ha roto?

ANDRÉS:  Es el enchufe. A veces se quema y . . . Joder.

MIRANDA:  Hay protectores para los enchufes.

ANDRÉS:  ¿Qué crees que es esto? Espera . . . Espera. Creo que tengo otro.

(Abre un cajón repleto de objetos y comienza a rebuscar entre ellos. Finalmente, saca un protector de enchufe. Después, coge una caja de herramientas. Va hacia el enchufe. Abre la caja. Comienza a desatornillarlo.)

(Oscuro.)

(15 min. después.)

(MIRANDA sigue sentada junto al calefactor, escuchando a ANDRÉS, que está de pie con un libro en las manos.)

ANDRÉS:  “Así se vence al demonio.” Es el título. El otro día me estuve leyendo unas páginas. (Da la vuelta al libro, lee lo que pone en la contraportada.) “Teoría del demonio. Hablan los poseídos. Hablan los exorcistas. La mejor artimaña del demonio es convencernos de que no existe. Por primera vez, los poseídos se atreven a hablar . . . Y los exorcistas revelan sus experiencias.” (Deja el libro sobre la mesa. Coge el destornillador y continúa arreglando el enchufe.) Fíjate de lo que es capaz la mente humana. Ser neutral es darse cuenta de esto. Todo son narraciones. Cuentos. Cuando era joven . . . al principio no pensaba así. Pero hubo un momento en que me di cuenta de que todo, todo, es una falacia. Un cuento. Fíjate esto del demonio. Han estructurado toda una teoría.

MIRANDA:  Me refería a que no se posicionan con ningún partido político. Simplemente están en contra del sistema político y quieren cambiarlo. Quieren acabar con toda la podredumbre de la corrupción de este sistema. Por eso he dicho que es neutral.

ANDRÉS:  No es lo mismo. (Se incorpora. Deja el destornillador encima de la mesa.) Jodido enchufe. (Coge la caja de herramientas, rebusca entre ellas.) Los hombres nos pasamos la vida haciéndonos daño los unos a los otros. Dando lecciones. Imponiendo castigos. La explotación del hombre por el hombre.

MIRANDA:  Eso no es así.

ANDRÉS:  Sí lo es.

(Pausa. La mira. Va a decir algo, pero se calla. MIRANDA se siente repentinamente incómoda y se incorpora. ANDRÉS saca unos clavos de la caja de herramientas y vuelve a agacharse para continuar arreglando el enchufe.)

MIRANDA:  ¿Por qué tienes ese libro ahí?

ANDRÉS:  ¿Cuál?

MIRANDA:  El del demonio y los poseídos.

ANDRÉS:  Tengo un montón de libros que no sé de dónde han salido. Algunos se los dejan los visitantes. Otros me los cojo de la abadía. Y otros que me encuentro por casa. Vivo en una casa muy antigua. Era la casa de mis abuelos. Luego de mis padres y ahora mía. Mi abuelo leía mucho. Todavía hay un montón de libros antiguos deambulando por la casa. ¿Te da miedo el demonio?

MIRANDA:  No.

ANDRÉS:  ¿Entonces?

MIRANDA:  Nada.

ANDRÉS:  Cógelo.

MIRANDA:  ¿El libro?

ANDRÉS:  Sí.

MIRANDA:  ¿Para qué?

ANDRÉS:  Lee un poco.

MIRANDA:  ¿Para qué?

ANDRÉS:  Es divertido. ¿Te da miedo?

(MIRANDA coge el libro. Abre una página al azar. Mira a ANDRÉS. Lee.)

MIRANDA:  Anne insultaba de forma muy cruel a toda su familia, además de golpearles y morderles. Gritaba por toda la casa durante horas, hasta escupir sangre. En cierto momento, comenzó también a automutilarse, golpeándose contra las paredes y los muebles. (Pausa.) Durante las sesiones de exorcismo continuaban las agresiones. Algunos ataques de la joven fueron de tal violencia que no podía ser reducida ni por tres hombres, ni incluso encadenada. Anne era capaz de saltar casi un metro de rodillas, y envió a su padre y a un sacerdote al otro extremo de la habitación de un solo golpe. Los ataques empeoraban. Anne perdía el conocimiento y se quedaba rígida con mayor frecuencia. El ritual se alargó durante meses, con la presencia de familiares y testigos. Durante los exorcismos, la posesa reproducía los diálogos que los demonios tenían entre ellos. Días antes de su muerte, Anne gritaba asegurando que "todos los demonios la seguían." 

(MIRANDA cierra el libro de un golpe. Lo deja sobre la mesa. Se pone el abrigo.)

MIRANDA:  Voy a salir un momento.

ANDRÉS:  ¿Y eso?

MIRANDA:  Tengo que hacer una llamada.

ANDRÉS:  Utiliza este teléfono, si quieres.

MIRANDA:  Voy a llamar desde el móvil.

ANDRÉS:  Con éste te sale gratis.

MIRANDA:  ¿Estará abierta la cafetería de la abadía?

ANDRÉS:  ¿A estas horas?

MIRANDA:  Estoy muerta de hambre.

ANDRÉS:  Haberlo dicho antes.

(ANDRÉS deja el enchufe y va hacia el fondo de la caseta. Abre una pequeña nevera y saca unos cuantos paquetes. Coloca en un plato un trozo de queso, algunos embutidos y un poco de pan.)

ANDRÉS:  ¿Te gusta el queso?

MIRANDA:  No hace falta.

ANDRÉS:  ¿No te gusta?

MIRANDA:  De verdad que no hace falta.

ANDRÉS:  Es artesano. Lo hacen en una granja de aquí al lado. ¿Y el chorizo?

(ANDRÉS le da el plato. MIRANDA lo acepta con cierta resignación. Se quita el abrigo y se sienta junto al calefactor. ANDRÉS vuelve al enchufe.) 

MIRANDA:  Tiene buena pinta.

ANDRÉS:  Puedes llamar, si quieres.

MIRANDA:  ¿Crees que tardarán mucho . . . ?

ANDRÉS:  Un par de horas por lo menos.

MIRANDA:  ¿Tanto?

ANDRÉS:  Puedes llamar, si quieres.

(Silencio. MIRANDA comienza a comer.)

ANDRÉS:  Es agradable tener compañía. Siempre estoy solo. Aquí metido. Solo. (Se incorpora. Deja las herramientas encima de la mesa.) Al fin. ¡Jodido enchufe de mierda!

MIRANDA:  ¿Lo has arreglado?

ANDRÉS:  Sí.

(ANDRÉS se sienta en su butaca. Mira fijamente a MIRANDA.)

ANDRÉS:  Me paso el día aquí metido. Solo. A veces me doy paseos por los corredores. Por los rincones. Me doy paseos para entretenerme.

MIRANDA:  No me extraña.

ANDRÉS:  ¿El qué?

MIRANDA:  Este lugar es . . . 

ANDRÉS:  ¿Es . . . ?

MIRANDA:  Está lleno de muertos. ¿Sabes el número de muertos que hay aquí?

ANDRÉS:  Exactamente treinta y tres mil ochocientos cuarenta y siete.

MIRANDA:  Esto se sostiene gracias a ellos. Esta cueva excavada en la montaña rellena de muertos.

ANDRÉS:  ¿Qué te pasa?

MIRANDA:  Nada.

ANDRÉS:  Te noto un poco nerviosa.

MIRANDA:  El otro día realizaron una inspección para comprobar el estado de los restos.

ANDRÉS:  Ya.

MIRANDA:  Quería verlo. Así que les pedí permiso para acompañarles. Por las criptas en las que fueron enterrados se ha filtrado agua que ha dañado los cadáveres. Se han mezclado unos huesos con otros. Tuve que retroceder a toda prisa. Tenía ganas de vomitar. Desde entonces . . . 

ANDRÉS:  ¿Qué?

MIRANDA:  Nada.

ANDRÉS:  Estoy acostumbrado a oír toda clase de comentarios acerca de este lugar. Todo el mundo me suelta su teoría. Para unos es una obra de arte. Para otros un terrorífico parque temático del franquismo. Hay toda clase de comentarios.

MIRANDA:  ¿En serio puedo decir lo que pienso?

ANDRÉS:  Claro.

(Pausa.)

MIRANDA:  En este país hubo una dictadura que duró cuarenta años de pánico. La gente enloquecía de hambre como perros callejeros. Hubo un dictador . . . un . . . dictador . . . que dio un golpe de Estado y procedió al exterminio sistemático de todos aquellos que se opusieron a él. Este horripilante lugar fue construido en un país que se moría de hambre, de frío y de miedo. Y sin embargo, todos esos cadáveres . . . están sosteniendo la basílica. Están sosteniendo la tumba de aquél que les mandó asesinar.

ANDRÉS:  ¿Cuántos años tienes? ¿Puedo saberlo?

MIRANDA:  Veintisiete.

ANDRÉS:  Me extraña que una joven de veintinueve años hable con esa rabia acerca de algo que no vivió. Un acontecimiento narrado. Porque eso es lo que es para ti. Una narración.

MIRANDA:  He estudiado dos carreras. Historia y restauración. He estudiado historia. ¿Entiendes?

ANDRÉS:  ¿Y qué?

MIRANDA:  He leídos muchos más libros de los que puedes imaginar. Y no me los leo por fragmentos para ver qué me dice una frase.

ANDRÉS:  ¿Te los has creído?

MIRANDA:  ¿El qué?

ANDRÉS:  Los libros.

MIRANDA:  He leído libros de personas muy importantes. Testimonios de grandes escritores, historiadores . . . ¿Qué te piensas?

ANDRÉS:  Pero no lo has vivido.

MIRANDA:  Hay cosas que no hace falta vivir para darse cuenta de que . . . (Pausa. Trata de contenerse.) Mis padres vivieron la dictadura. Y mis abuelos la guerra.

ANDRÉS:  Y ellos son los que te han contado ese cuento que ahora te pone tan nerviosa. Te lo han ido contando poco a poco. Frases deshilvanadas en el tiempo. Un comentario en la sobremesa de una reunión familiar. Una discusión con los amigos. Un consejo para tu futuro. Te han ido contando quiénes han de ser tus enemigos.

MIRANDA:  Qué tontería.

ANDRÉS:  Te han obligado a sufrir sus heridas. Mira cómo te pones al hablar de ello.

MIRANDA:  Este monumento está construido sobre víctimas. Perecen aquí junto a sus verdugos. ¿No es eso cierto? Los restos de cientos de republicanos fueron trasladados al Valle. Sin el consentimiento de sus familiares. Y los juntaron con sus propios asesinos. Todos juntos en signo de reconciliación.

ANDRÉS:  ¿Y por qué no iba a ser eso una reconciliación? Lo pasado, pasado está. No se puede cambiar lo ocurrido.

MIRANDA:  Estamos en una democracia.

ANDRÉS:  ¿Y?

MIRANDA:  Esto fue construido por esclavos republicanos. Les obligaban a construir su propia tumba. Es vergonzoso. La democracia tiene la obligación de condenar las atrocidades de la dictadura. Aquí se produjo una auténtica barbarie. Centenares de muertos robados de sus familias. Pasaron años y años buscándoles, añorándoles, esperando su regreso.

ANDRÉS:  Eso ya pasó. ¿Para qué pensar en ello?

MIRANDA:  ¿Para qué?

ANDRÉS:  No hay por qué seguir dándole vueltas.

MIRANDA:  ¡Fue una barbarie!

ANDRÉS:  A veces para sobrevivir hay que dejar la dignidad fuera.

(MIRANDA está incómoda. Se incorpora. ANDRÉS también se incorpora. Comienza a preparar café.)

MIRANDA:  Voy a salir a llamar.

ANDRÉS:  Mierda. La puta cafetera no funciona.

(Oscuro.)


The Sickness of Stone
was first performed on 6 July 2016 as a rehearsed reading as part of Out of the Wings 2016 at the Anatomy Museum, King's College London. It was directed by William Gregory and performed by Denise Hoey and Christopher Knott.